Un equipo de astrónomos de la NASA anunció el descubrimiento del cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar en llegar al Sistema Solar: Avi Loeb, controvertido astrónomo, vuelve a ver alienígenas
El pasado 1 de julio, un equipo de astrónomos de la NASA anunció el descubrimiento del cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar en llegar al Sistema Solar, una mole de 20 a 40 kilómetros de diámetro – lo que lo convierte en el mayor objeto interestelar jamás observado – que se desplaza a unos 61 kilómetros por segundo. No viene para quedarse, sino que realizará una trayectoria hiperbólica: se acercará al Sol, arrastrado por su gravedad, pero su distancia del astro y la velocidad a la que se mueve permitirán que no se quede atrapado, sino que salga disparado de nuevo hacia las profundidades del Universo.
Como cabía esperar, la NASA niega rotundamente que se trate de un objeto alienígena. Los expertos afirman que presenta una actividad habitual en cometas, ya que tiene un núcleo helado rodeado de una coma de gas y polvo. Para Avi Loeb, sin embargo, algunas de sus características podían indicar que es de diseño inteligente, un visitante de una civilización extraterrestre avanzada.
La trayectoria de ATLAS es el principal motivo que lleva a Loeb y su equipo a considerar la “posibilidad” alienígena: es muy poco habitual, ya que está casi alineada con el plano del sistema solar, es decir, en su mismo eje. Además, su camino lo acercará de forma inusual (por probabilidad) a varios planetas, entre ellos Venus, Marte y Júpiter. También llama la atención el hecho de que, en su momento de mayor acercamiento al Sol, el objeto quedará oculto tras el mismo con respecto a la Tierra, lo que, según el astrónomo, permitiría “realizar maniobras” sin ser observado. El científico ha mencionado incluso una fecha concreta para la llegada de esta “nave alienígena hostil”: el 29 de octubre de 2027, el momento en el que el Sol esconderá el objeto.

Realmente, Loeb es consciente de lo extraordinario de sus alegatos, y admite que lo más probable es que 3I/ATLAS sea un cometa natural. Insiste, sin embargo, en la importancia de este tipo de “ejercicio pedagógico” e insta a no descartar el análisis de las anomalías.
Otros expertos han condenado duramente la hipótesis de Loeb. Tiene sentido, en realidad, porque es como escuchar romperse una rama en un bosque de Vigo y asumir que se trata de un tigre de bengala: una conclusión improbable construida sobre datos insuficientes. Samantha Lawler, astrónoma de la Universidad de Regina (Canadá), asegura que en realidad 3I/ATLAS se comporta como un cometa expulsado de otro sistema solar y que no presenta indicio alguno de tratarse de tecnología, extraterrestre o no. Chris Lintott, de la Universidad de Oxford, fue más duro: tachó de “disparate” el planteamiento de Loeb, calificándolo además de “insulto” al trabajo de los astrónomos. Davide Farnocchia, ingeniero de navegación de la NASA, aclara que, en realidad, los datos tampoco son del todo certeros, explicando que la principal incógnita reside en el tamaño exacto del núcleo, ya que el brillo observado podría deberse tanto a sus dimensiones como a su composición o movimiento (es decir, que podría tener que ver con la forma en que la luz se refleja y dispersa).